La sucesión que viene: Massa, Kicillof y Cristina se disputan el control de la Provincia en una interna sin cuartel
La renuncia de Jorge Ferraresi a la intendencia de Avellaneda no fue un simple recambio municipal. Fue el fogonazo que encendió la mecha de la competencia más reñida del peronismo de cara a 2027: quién se quedará con la Gobernación de la provincia de Buenos Aires, el último gran bastión territorial que el kirchnerismo se niega a perder y que el kicillofismo ya considera su legado natural.
Mientras el país entero tiene la mirada puesta en la final del Mundial, la dirigencia política ya ajusta los cronómetros. La fecha de inicio de la campaña está tácitamente acordada: el 20 de julio, el día después de la definición del torneo. Y en el peronismo, nadie quiere llegar tarde. La visita de Sergio Massa a la UNSAM, el recrudecimiento de la pulseada entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, y la salida de Ferraresi responden a una misma lógica: ya comenzó la carrera por la instalación de los nombres propios.
Redacción
miércoles, 8 de julio de 2026 · 45 lecturas
El gobernador Kicillof fue tajante en el último plenario del MDF: no aceptará imposiciones y resolverá la candidatura bonaerense a través de una PASO. Esa postura, que suena a defensa de la institucionalidad interna, es en realidad una declaración de guerra al cristinismo. En el entorno de la vicepresidenta interpretan que la Gobernación debe ser una pieza clave de su estrategia de resistencia, y no están dispuestos a cederla en una interna que consideran perdida de antemano si no controlan la lista de nombres.
En la vereda del MDF, los postulantes se multiplican. No solo Ferraresi, el histórico intendente que rompió con La Cámpora, sino también el ministro de Infraestructura Gabriel Katopodis, quien mantiene un pie en cada campamento y se perfila como el puente menos improbable; el intendente de La Plata, Julio Alak, uno de los más activos en posicionar a Kicillof como presidenciable; y el jefe de Gabinete provincial, Carlos Bianco, la sombra más fiel del gobernador y el candidato de la continuidad pura. Todos ellos saben que, en el mejor de los casos, solo uno tendrá el boleto, y que la interna definirá no solo al candidato, sino el futuro del espacio.
Pero la gran incógnita de este tablero se llama Sergio Massa. El exministro de Economía decidió romper el silencio estratégico que mantuvo durante años y planea reaparecer en público una vez que termine el Mundial. Su paso por la UNSAM la semana pasada no fue casualidad: fue un ensayo de esa nueva estrategia de bajo perfil, con apariciones que parecen espontáneas pero que están milimétricamente calculadas para mostrar cercanía con los sectores más golpeados por el ajuste libertario.
Sin embargo, el tigrense todavía no definió su objetivo final. En su entorno aseguran que, si las encuestas vuelven a sonreírle a Milei, Massa irá por la Presidencia; si el escenario se vuelve adverso para el oficialismo, no descarta anotarse en la pelea por la Gobernación. Lo que sí tiene claro es que cualquier movimiento necesitará el aval de Cristina. "Massa es un pragmático", repiten en su círculo, y ese pragmatismo lo lleva a no quemar etapas ni puentes, manteniendo abiertas todas las puertas mientras su esposa, Malena Galmarini, negocia en el Senado bonaerense la reforma política que puede redibujar el tablero electoral provincial.
El mensaje final es contundente: la interna del peronismo no se dirimirá en las urnas nacionales hasta dentro de un año, pero ya está en pleno desarrollo. Kicillof quiere jugarla en las PASO; Cristina quiere designar a su delfín; y Massa espera, como un jugador de póker, el momento justo para mostrar sus cartas. Mientras tanto, los intendentes se convierten en las fichas clave de esta partida, y el 20 de julio será la fecha en la que todos los candidatos dejen de ensayar y empiecen a correr.