El truco perfecto: renunció, puso a su mujer en el sillón y regresó con un sueldo millonario
Jorge Ferraresi encontró la manera de no perder ni un peso, ni un día, ni el poder. A principios de julio renunció a la Intendencia de Avellaneda y le pasó la posta a su esposa, Magdalena Sierra. Parecía un adiós. Pero duró apenas un mes.

El 6 de agosto, la flamante intendenta firmó un decreto creando una nueva estructura a su medida: la Jefatura de Asesoramiento Institucional. Y al día siguiente, sin solución de continuidad, designó a Ferraresi para ocuparla. El exintendente no tuvo ni un solo día sin sueldo. La renuncia y el regreso se encadenaron como una pieza de relojería perfecta.
El cargo, que depende directamente de su mujer, no es un puesto simbólico ni mucho menos. La oposición estima que Ferraresi embolsará entre 7,5 y 13 millones de pesos por mes, gracias a una cascada de bonificaciones que incluyen el 150% por computación y una retribución especial de 1.000 unidades. Todo legal, todo dentro del decreto. Pero la pregunta es otra: ¿qué asesor necesita un intendente que cobra semejante fortuna?
El engaño está en las funciones. El decreto no habla de simples informes o recomendaciones. Ferraresi tendrá atribuciones para "ejecutar órdenes", coordinar proyectos transversales, evaluar programas y hasta relevar condiciones de servicios en todo el municipio. En la práctica, es un intendente paralelo, con poder de fuego sobre todas las áreas, pero sin la exposición ni la responsabilidad política de estar al frente.
Mientras los vecinos de Avellaneda enfrentan los problemas cotidianos de cualquier municipio del conurbano, la pareja gobernante encontró la forma de cobrar dos sueldos millonarios con un solo cargo electivo. La estrategia es tan descarada que hasta los pasillos municipales murmuran: Ferraresi no se fue, simplemente se reinventó. Y lo hizo con el aval de un decreto firmado por la persona que comparte su cama.
El caso de Avellaneda no es un hecho aislado. Es la foto perfecta de una política que se mueve entre el dedo y la lapicera, donde las renuncias son tácticas y los cargos se crean y destruyen según la conveniencia del momento. Mientras el discurso oficial clama por austeridad y eficiencia, Ferraresi demuestra que, para algunos, el Estado sigue siendo una vaca lechera.
La maniobra es legal, sin dudas. Pero la ética queda en el camino. Porque si un exintendente puede renunciar y volver al día siguiente con un sueldo de millones, ¿de qué ajuste y qué sacrificio están hablando? Parece que el "costo" del Estado siempre lo pagan los mismos, mientras otros se ingenian para no perderse ni un peso en el camino.
fuente: info cielo
