El drama de la juventud argentina: precariedad laboral, angustia mental y un giro conservador que reconfigura el mapa político
La radiografía que traza la Universidad de Buenos Aires sobre los jóvenes argentinos expone una realidad demoledora: casi la mitad de la población de entre 18 y 29 años se encuentra sumergida en un cóctel de vulnerabilidad económica, malestar psicológico y adicciones, en un contexto donde el empleo formal se ha convertido en un privilegio de minorías.

El estudio del CBC, que relevó a más de mil jóvenes en los principales centros urbanos, revela que el 30,6% de ese segmento vulnerable está desempleado, pero lo más alarmante es el desánimo: apenas cuatro de cada diez siguen buscando trabajo activamente. La brecha de género profundiza la crisis, con un 41% de mujeres desocupadas frente al 23% de varones. Para quienes consiguen un ingreso, la formalidad es una excepción—solo el 15% tiene empleo registrado—y la mayoría sobrevive con changas en comercio, construcción o el llamado "emprendedurismo" digital, sin acceso a obra social ni posibilidad de proyectar un futuro. El sociólogo Juan Cruz Esquivel, uno de los autores del informe, sentencia: "El empleo no es garantía ni esperanza de nada", al constatar que incluso trabajando, el 57% de estos hogares no llega a fin de mes.
Pero la crisis no es solo monetaria. El estudio describe una generación atrapada por la ansiedad y la depresión: más del 70% sufre nervios permanentes, el 54% padece desgano vital y los problemas de sueño acechan a siete de cada diez. El consumo problemático de alcohol y drogas afecta al 30% de los encuestados, mientras el uso compulsivo del celular—reconocido por el 85%—se perfila como un factor clave en la degradación de la salud mental, erosionando la capacidad de atención y el vínculo comunitario.
En el plano educativo, la deserción temprana es la norma: el 60,5% no completó el secundario. Aunque el 85% aún cree que estudiar puede mejorar su vida, la realidad muestra que la educación ya no garantiza la movilidad social ascendente—solo reduce levemente el porcentaje de quienes no llegan a fin de mes, del 60 al 50%.
El informe también desnuda un fenómeno sociopolítico de fondo: el evangelismo crece a pasos agigantados entre los jóvenes vulnerables (37,6%), desplazando al catolicismo (30,6%) y consolidándose como principal espacio de contención colectiva. Este grupo, que en las urnas de 2023 eligió mayoritariamente a Javier Milei (38%) por sobre Sergio Massa (25%), exhibe un perfil claramente conservador: el 66,8% aboga por un control migratorio más estricto y el 58,7% avala la pena de muerte para delitos graves. Su principal reclamo, muy por encima de la educación o la salud, es la inseguridad—señalada por el 42,5% como la peor lacra de sus barrios.
El retrato que emerge es el de una generación que se siente abandonada por el sistema, que mira con escepticismo el futuro, y que, ante la ausencia del Estado, encuentra refugio en la fe evangélica y en demandas de mano dura, mientras su salud emocional se resquebraja en la soledad de una pantalla.
